Hogar CRECER: Discapacidad y comunidad
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Cutral Có, Neuquén, Argentina

23.3.09

Discapacidad y comunidad


INTRODUCCION

El siguiente trabajo tiene como objetivo abordar la problemática de la integración de las personas con discapacidad a la comunidad, así como también la mirada que posee ésta hacia dichas personas.
El tema está relacionado con una “falsa integración”, porque si bien estas personas pueden desarrollar las mismas actividades que las que no presentan alguna discapacidad, lo hacen en un campo restringido de acción, dado los limites impuestos por la sociedad en general. Consideramos que en ciertas ocasiones la discapacidad no es un problema específico de la persona que la posee sino de las representaciones acerca de ella que se han ido originando en las personas que la rodean.
Antes de iniciar este trabajo nos surgieron innumerables interrogantes y dudas acerca de si encontraríamos respuestas. Nos fue difícil decidir como hacer nuestra presentación debido a la complejidad del tema elegido y a la diversidad de opiniones que surgen respecto a ésto. Sin embargo, creímos que debíamos abordarlo y poner palabras a lo que muchas veces se calla por hipocresía, ignorancia y hasta temor…
Finalmente, decidimos intentar interpretar el comportamiento de la sociedad, de la cual somos parte, frente a la problemática de la discapacidad.
En realidad, consideramos adecuado realizar esta presentación desde la vivencia, generando de esta forma un espacio de reflexión y de experiencias compartidas.

DESARROLLO

Nuestra forma de relacionarnos con las personas con discapacidad está condicionada por vivencias, experiencias previas, prejuicios y conceptualizaciones acerca de la “discapacidad”.
La Clasificación Internacional de Deficiencias, Discapacidades y Minusvalías –CIDDM-, publicada por la OMS y traducida al español por el IMSERSO, en 1983 define el término discapacidad como " toda restricción o ausencia (debida a una deficiencia) de la capacidad de realizar una actividad en la forma o dentro del margen que se considera normal para un ser humano."
La Clasificación Internacional del Funcionamiento, de la Discapacidad y de la Salud –CIF-, está basada en la integración del “modelo médico” versus “modelo social” con el fin de conseguir la integración de las diferentes dimensiones. La clasificación utiliza un enfoque biopsicosocial. Es una clasificación de aplicación universal; es decir, no tiene un uso restringido para personas con discapacidad, sino que se ocupa de todos los estados “relacionados con la salud” asociados a cualquier condición, proporcionando una descripción de situaciones relacionadas con el funcionamiento humano y sus restricciones. En ésta el término “minusvalía” se ha sustituido por “restricción en la participación”; “discapacidad” se utiliza como término general, desde varios puntos de vista: corporal, individual y social; y deficiencia se concibe como la desviación de las funciones o estructuras corporales consideradas “normales”. Lo que se desprende de este nuevo documento es un cambio en la concepción, no de la discapacidad, sino de las distintas situaciones de salud de las personas, en las que intervienen diversos factores ambientales y de contexto de vida. En este sentido, la CIF queda enmarcada en un proceso general en el que se priman los principios de diseño universal.

Las personas con discapacidad son parte de la sociedad. Como ciudadanos, sujetos de derechos y obligaciones, conforman las comunidades.
El término comunidad en un sentido extenso puede definirse como el conjunto de personas que viven juntas con cierta forma de organización y cohesión social. Sus miembros comparten en diferentes grados, características políticas, económicas, sociales y culturales, como así también intereses y aspiraciones incluyendo la salud. (Peat, 1997). Mientras que en un sentido estricto hace referencia a relaciones recurrentes, directas y recíprocas de individuos con un grado de interés común. (Dryzek, 1990).
Por otro lado se propone una distinción entre comunidades establecidas, como pueblos, vecindarios, escuelas y lugares de trabajo, y las comunidades personales que creamos nosotros mismos, que incluyen la familia, amigos y a los conocidos. Según la O.M.S, el término comunidad hace referencia a la menor área administrativa en la que puede vivir un grupo de personas.
Comunidad y discapacidad son dos términos que comúnmente se relacionan. La comunidad sostiene ciertos valores, ideas y prácticas que producen un fenómeno nombrado como discapacidad.
“La Discapacidad es antes que nada, un fenómeno social objetivo y aún visible. Está constituido básicamente por una situación de menoscabo físico, psíquico o sensorial que afecta a personas concretas. Pero, además la Discapacidad, como cualquier hecho equivalente, se reproduce en el nivel sociocultural” .
Utilizamos la expresión “personas que experimentan condiciones discapacitantes” como punto de partida para describir que
la participación en la vida diaria se ve limitada o totalmente anulada por factores que van más allá de la condición de discapacidad física o cognitiva, el contexto suele presentar innumerables barreras para acceder a la participación en igualdad de condiciones.

Según Hahn (1986) la discapacidad surge del fracaso de un entorno social estructurado a la hora de ajustarse a las necesidades y las aspiraciones de los ciudadanos con carencias, más que la incapacidad de los individuos discapacitados para adaptarse a las exigencias de la sociedad.
Existen diferentes actitudes frente a alguien con alguna discapacidad. El abanico se despliega desde quien presenta una total indiferencia, hasta el que, con afán de ayudar, se muestra sobreprotector. En ambos extremos el resultado es el mismo: la persona asume un papel pasivo, que la instala en su cuadro, agravando de esta manera su propio estado.
En la vida cotidiana actuamos muchas veces de esta manera, quizás sin darnos cuenta:
en vez de hablarle a las personas con discapacidad, le hablamos a quien lo acompaña, decidimos por ellos sin escuchar su opinión, convirtiéndolos de esta forma en espectadores de los hechos, nunca protagonistas, funcionando como extras, ni siquiera como actores secundarios.
Por mucho tiempo ha prevalecido un constructo social acerca de la discapacidad que atribuye a la persona con discapacidad el ser la causa del “problema”. Esta situación es planteada por Barton en su libro “Discapacidad y sociedad” como la teoría de la tragedia personal; según esta teoría la discapacidad sería un hecho trágico que les ocurre a individuos desafortunados y aislados, de forma aleatoria.

Aún en nuestros días, se margina y se excluye a la persona con discapacidad de participar activamente en diversos procesos de la sociedad, lo que en última instancia impide el pleno ejercicio de sus derechos.
Ésto lleva a preguntarnos: ¿La sociedad trata de proteger a las personas con discapacidad o su comportamiento es una forma de excluirlos de la misma?
Entendemos que la sociedad quizás por protegerlos, cuidarlos, termina perjudicándolos, generando dependencia y cierta discriminación. Podemos mencionar situaciones que se viven en el día a día, como por ejemplo: el hecho de que estas personas tengan un carnet en donde figura su condición de “discapacitado” lo cual le posibilita viajar gratis en colectivo; el identificarlos con la remera de la institución cuando organizan salidas recreativas fuera de la misma; el brindarles propuestas y terminar decidiendo y quizás haciendo por ellos, porque no los creemos capaces o porque tememos que les pase algo; el ir a boliches, pero a bailes organizados exclusivamente por las escuelas especiales, no asistiendo así a los boliches en días y horarios habituales; el describir su situación en término de drama y compasión utilizando frases como : “..ayy pobrecito!...”, tratándolos de manera aniñada, los diferencia de este modo del resto de la comunidad.
Todos estos ejemplos nos remiten a hablar de una falsa integración, de una integración con barreras dado que no brindamos reales y variadas posibilidades, quizás, porque inconscientemente nos resistimos al auténtico cambio que permite la libre elección de las personas con discapacidad generando de este modo la verdadera integración.


La salud mental, desde una perspectiva actual, se contempla como un proceso dinámico, por el cual todas las personas a lo largo de sus vidas atraviesan por diferentes períodos en los que el grado de salud varía dentro del proceso continuo: salud-enfermedad.
Galende propone entender a la salud mental como un campo complejo de problemas, intersectorial e interdisciplinario.
La OMS establece que no existe una definición "oficial" ya que cualquiera que se dé al respecto estará siempre influenciada por diferencias culturales, asunciones subjetivas, disputas entre teorías profesionales y demás. Sin embargo puede concluirse que la salud mental es un estado de bienestar emocional y psicológico en el cual el individuo es capaz de hacer uso de sus habilidades emocionales y cognitivas, funciones sociales y de responder a las demandas de la vida cotidiana.

El aporte de TERAPIA OCUPACIONAL en salud mental es valioso, ya que implementa diferentes estrategias para facilitar la equiparación de oportunidades, minimizar las desventajas, contribuyendo de esta manera a la satisfacción personal, a la integración y a una mejor calidad de vida.
Desde Terapia Ocupacional las intervenciones realizadas con personas discapacitadas brindan a las mismas un espacio terapéutico de soporte, organizador y apto para las singularidades, posibilitando ocuparse de sí y permitirse momentos de encuentro con otros; generan la posibilidad de inclusión en ámbitos comunitarios y promueven el desarrollo de estrategias para la autonomía y la construcción de proyectos de vida.
Por estas razones, como futuras Terapistas Ocupacionales, debemos dar oportunidades a las personas de elegir, organizar y desarrollar actividades de la vida diaria significativas y útiles, de explorar nuevas situaciones y así conseguir un mayor control sobre su salud y su destino.
Flexibilizar, reconstruir, deconstruir, resignificar, ampliar la mirada, interviniendo conjuntamente con la comunidad, para permitir de este modo, una visión distinta hacia las personas que presentan discapacidad, es un compromiso ineludible, para contribuir a la verdadera integración.
El estar e interaccionar con las personas en sus vidas cotidianas nos coloca en una excelente situación para conocer y comprender las necesidades e intereses de aquellos a los que se pretende integrar contribuyendo a la construcción de una sociedad más justa.
Los Terapeutas Ocupacionales deben ser agentes del cambio social, respetando la dignidad, protegiendo los derechos y promoviendo la autonomía y la libertad de las personas con discapacidad.

CONCLUSIÓN

Luego de haber realizado un análisis acerca de esta problemática y haber intentado relacionarlo con nuestra práctica en salud mental, podemos concluir que la discapacidad se puede manifestar en cualquier persona, sin diferencias de posición social, económica o de nivel educativo, y que la Terapia Ocupacional tiene herramientas para contribuir a que las mismas tengan la posibilidad de realizar sus proyectos personales.
A la hora de realizar abordajes con personas con discapacidad es fundamental reconocer sus particularidades considerándolo como un ser integral y evitar la sobreprotección.

Ellas requieren, más que compasión, comprensión; más que comprensión, equiparación de oportunidades; aún más que oportunidades, el apoyo efectivo del Estado y de la Sociedad Civil para poder hacer realidad su integración social.

Trabajo de Articulación Teórico-Práctica
Autora: Cecilia Cangénova
Lic. en Terapia Ocupacional
Universidad Nacional del Litoral